En el año 2006, un feliz matrimonio que
habita en Cantabria recibe la gran noticia de que la esposa está embarazada de
su tercer hijo, lo celebran por todo lo alto y piden que ya que es el tercero
sea un niño pues, las dos mayores habían sido niñas.
Cuando le hace la primera
ecografía, es pronto les dice el doctor para saber si es niño o niña, seguro
que en la próxima ya se deja ver los genitales con precisión. Ahora podría
conducir a un error.
Esperan pacientes a la próxima
consulta para saber ya el sexo de lo que en camino viene. Mientras van
preparando todo lo necesario para recibir al bebé aun sin saber lo que va a
ser. Las dos niñas anteriores se llevarán bastante tiempo con él pues la mayor
tiene diez años y la segunda nueve. Habían pensado que ya no habría más
pequeños en aquella casa.
Cuando llegó la siguiente visita
al médico, colocaron a la mujer en la camilla y comenzaron a practicarle la
ecografía. El doctor muy prudente y sabiendo que había muchos padres que no
querían saber el sexo de lo que en el vientre de la madre había, les preguntó
que si ellos deseaban saberlo pues ya se le podía ver el sexo al feto a la
perfección. Ellos naturalmente dijeron que sí, deseaban con todas sus fuerzas
que fuese un varón pues ya tenían dos mujercitas en casa.
Pasado el tiempo pertinente, la
madre se puso de parto y acudieron al hospital para dar a luz. Fue un hermoso
niño el que alumbró, la alegría les desbordaba, las niñas habían sido
normalitas de peso, pero esta criatura pesó 5.500 kgrs. Era un peso exagerado,
tampoco fuera de lo normal, aunque si bastante grande. Rubio, con ojos azules y
haciendo gestos de querer reírse. En una palabra, un niño precioso.
Cuando llegaron a su domicilio, no
dejaban de acudir visitas pues se había corrido la voz de lo precioso y grande
que era el bebé y todos querían verle. Estaba muy espabilado para lo pequeñín
que era, pero al ser tan grande a nadie le extrañó, comía y dormía
perfectamente, el desarrollo era completamente normal.
Las hermanas lo tenían como un
muñeco. Como niñas se peleaban por darle el biberón, cambiarle los pañales,
mecerle si hacia algún intento de llorar. Lo normal en unas niñas ya mayorcitas
que les llega un bebé de carne y hueso.
Todo transcurría dentro de la
normalidad, el tiempo iba pasando y todos se sentían felices pues aquel bebé
les había dado una felicidad ya casi olvidada de tener un bebé en casa. Los
padres se sentían hasta más jóvenes, les hacía mucha ilusión sacar al bebé a
pasear y que todo el mundo viese lo bien que se criaba y lo grande que se iba
poniendo, además llamaba mucho la atención el color de su pelo tan rubio y esos
ojos tan azules en esa piel tan blanca. Ellos eran todos muy morenos, tanto los
padres como las niñas. Se decían que serían los genes de alguno de sus
ancestros. Nunca le dieron importancia.
El niño iba creciendo, siempre
parecía mayor de la edad que tenía, muy adelantado en la dentadura, en el
andar, la forma de comportarse y comenzar a hablar de corrido no dudaba en las
palabras que decía, a los padres les decía papá y mamá sin dudar y a las
hermanas llamarles por su nombre rápidamente.
Cuando contaba cuatro años, un día
le dijo a su padre “papá, tengo que hablar contigo”. El padre ante aquella
frase no correspondiente a un niño de esa edad se quedó estupefacto, pero, para
no defraudarlo, se sentó en el sofá con él a su lado y le dijo “hijo te
escucho”.
Al comenzar la conversación, el
niño todo serio le dijo “papá tú y mamá no sois mis verdaderos padres” El padre
casi se cae, no podía creer lo que estaba escuchando. Rápidamente llamó a su
esposa y le pidió que se sentase con ellos y escuchase lo que el niño quería
contarles.
Papá, mamá, lo que le acabo de
decir a papá es toda la verdad, no sois mis verdaderos padres.
¿Cómo dices eso hijo? Mamá te
llevó en su vientre nueve largos meses y yo ví como nacías en el hospital y
desde entonces no nos hemos separado ni un momento de ti.
La madre comenzó a llorar, ¿hijo
cómo puedes decir eso? Estás confundido, ¿quién ha podido decirte una cosa as?
Nadie mamá, no me lo ha dicho
nadie, lo se yo. He vuelto a nacer aquí pero, yo soy de Illinois EE.UU, allí
tengo a mis verdaderos padres y a mis nueve hermanos, los que siguen llorando
por mí desde el día en que me atropelló aquel camión y morí al instante.
Este niño está delirando, no puede
ser esa barbaridad que está diciendo.
Todo su mundo se volvió patas
arriba, comenzaron los problemas, el niño no dejaba de asegurar lo que había
contado y ellos cada día más desesperados.
Lo llevaron a varios psicólogos y
a todos les contaba la misma historia. El estaba feliz en la casa y su
comportamiento era bueno, pero en cuanto podía volvía con la misma cantinela.
Comenzó a llamar a sus padres con
el nombre de los que decía eran los de verdad, a las hermanas como decía que se
llamaban las de la otra familia, Los estaba volviendo locos. También lo comentó
en el colegio y la profesora no le creyó, pero comenzó a no atender por el
nombre de Raúl con el que le habían bautizado y decía que se llamaba Edwin en
la otra vida y si le llamaba así entonces atendía.
En casa hizo lo mismo, si no le
llamaban Edwin no atendía. Un día estando ya los padres muy hartos le dijeron
que con esos datos no le creían, no era suficiente para hacer caso de tan gran
disparate. Fue entonces cuando muy cargado de razones les dio el nombre de un
pueblo de Illinois donde decía haberse criado hasta los catorce años que fue
cuando murió.
Los padres ya no sabían a qué
atenerse y se pusieron en contacto con la guardia civil para ver si ellos les
podían ayudar, al menos para averiguar si el pueblo que él decía existía y si
allí había habido un hecho luctuoso que se correspondiese con las explicaciones
que él daba. Los agentes se tomaron mucho interés en ayudarles, pero debían
saber más cosas.
Fueron a la casa para interrogarle
y entonces comenzó a decir que su madre trabajaba en una fábrica, su padre era
campesino y repetía sin cesar los hermanos que tenía, sus nombres, hasta los de
los abuelos. La dirección de donde vivían en ese pueblo. Todos estaban
alucinando, como podía ser aquello cierto.
La guardia civil les dijo que lo
dejasen en sus manos. Ellos harían una investigación exhaustiva, con todos los
datos que les había dado el pequeño. Tardarían un tiempo en comprobar si
aquello era cierto. Si una vez comprobado los datos se correspondiesen,
tendrían que ponerse en contacto con las autoridades de EE.UU y verificar si lo
sucedido era cierto. Si en realidad existía esa familia, si trabajaban como él
decía en la fábrica y el campo, que tuviese tantos hermanos, que los abuelos
también existiesen. Era una situación muy complicada.
Pasó más de un año cuando
recibieron noticias de la Guardia Civil. Las comprobaciones que habían hecho se
correspondían en su totalidad con los hechos relatados por el niño. Todo era
cierto, inexplicable pero cierto. Ahora debían de ser ellos los que decidiesen
que hacer. Podían callar y decir que no habían encontrado nada o por el
contrario ponerse en contacto con los padres americanos.
Las mentiras tienen las patas muy
cortas y con una persona tan lista e inteligente como era ese niño, los
descubría rápidamente y en cuanto pudiese se iría a buscar su vida anterior. Si
le decían la verdad, igual quisiera quedarse con ellos para siempre o por el
contrario quisiera ir a reunirse con su familia americana.
Decidieron hablarle sinceramente,
con la verdad por delante y que el decidiese lo que quería hacer. Entonces les
contestó con toda rapidez que estaba muy a gusto en España, pero, debía volver
a sus orígenes. Esperarían a que les diesen las vacaciones de verano y entonces
viajar toda la familia para conocer lo que había dejado en américa. Si le
recibían como el esperaba después de lo mal que lo habían pasado tras su
muerte, se quedaría con ellos y a su familia española les estaría agradecido de
por vida por como lo habían tratado y sabiendo que eran unos padres para él y
lo que le habían cuidado y querido en esos años. Si no lo recibiesen como el
creía que debían, volvería a España y olvidaría toda su vida pasada. Nunca más
volvería a pensar que había estado muerto y había resucitado.
PILAR
MORENO