viernes, 14 de febrero de 2025

HISTORIA DE UNA REENCARNACIÓN

                En el año 2006, un feliz matrimonio que habita en Cantabria recibe la gran noticia de que la esposa está embarazada de su tercer hijo, lo celebran por todo lo alto y piden que ya que es el tercero sea un niño pues, las dos mayores habían sido niñas.

              Cuando le hace la primera ecografía, es pronto les dice el doctor para saber si es niño o niña, seguro que en la próxima ya se deja ver los genitales con precisión. Ahora podría conducir a un error.

              Esperan pacientes a la próxima consulta para saber ya el sexo de lo que en camino viene. Mientras van preparando todo lo necesario para recibir al bebé aun sin saber lo que va a ser. Las dos niñas anteriores se llevarán bastante tiempo con él pues la mayor tiene diez años y la segunda nueve. Habían pensado que ya no habría más pequeños en aquella casa.

              Cuando llegó la siguiente visita al médico, colocaron a la mujer en la camilla y comenzaron a practicarle la ecografía. El doctor muy prudente y sabiendo que había muchos padres que no querían saber el sexo de lo que en el vientre de la madre había, les preguntó que si ellos deseaban saberlo pues ya se le podía ver el sexo al feto a la perfección. Ellos naturalmente dijeron que sí, deseaban con todas sus fuerzas que fuese un varón pues ya tenían dos mujercitas en casa.

              Pasado el tiempo pertinente, la madre se puso de parto y acudieron al hospital para dar a luz. Fue un hermoso niño el que alumbró, la alegría les desbordaba, las niñas habían sido normalitas de peso, pero esta criatura pesó 5.500 kgrs. Era un peso exagerado, tampoco fuera de lo normal, aunque si bastante grande. Rubio, con ojos azules y haciendo gestos de querer reírse. En una palabra, un niño precioso.

              Cuando llegaron a su domicilio, no dejaban de acudir visitas pues se había corrido la voz de lo precioso y grande que era el bebé y todos querían verle. Estaba muy espabilado para lo pequeñín que era, pero al ser tan grande a nadie le extrañó, comía y dormía perfectamente, el desarrollo era completamente normal.

              Las hermanas lo tenían como un muñeco. Como niñas se peleaban por darle el biberón, cambiarle los pañales, mecerle si hacia algún intento de llorar. Lo normal en unas niñas ya mayorcitas que les llega un bebé de carne y hueso.

              Todo transcurría dentro de la normalidad, el tiempo iba pasando y todos se sentían felices pues aquel bebé les había dado una felicidad ya casi olvidada de tener un bebé en casa. Los padres se sentían hasta más jóvenes, les hacía mucha ilusión sacar al bebé a pasear y que todo el mundo viese lo bien que se criaba y lo grande que se iba poniendo, además llamaba mucho la atención el color de su pelo tan rubio y esos ojos tan azules en esa piel tan blanca. Ellos eran todos muy morenos, tanto los padres como las niñas. Se decían que serían los genes de alguno de sus ancestros. Nunca le dieron importancia.

              El niño iba creciendo, siempre parecía mayor de la edad que tenía, muy adelantado en la dentadura, en el andar, la forma de comportarse y comenzar a hablar de corrido no dudaba en las palabras que decía, a los padres les decía papá y mamá sin dudar y a las hermanas llamarles por su nombre rápidamente.

              Cuando contaba cuatro años, un día le dijo a su padre “papá, tengo que hablar contigo”. El padre ante aquella frase no correspondiente a un niño de esa edad se quedó estupefacto, pero, para no defraudarlo, se sentó en el sofá con él a su lado y le dijo “hijo te escucho”.

              Al comenzar la conversación, el niño todo serio le dijo “papá tú y mamá no sois mis verdaderos padres” El padre casi se cae, no podía creer lo que estaba escuchando. Rápidamente llamó a su esposa y le pidió que se sentase con ellos y escuchase lo que el niño quería contarles.

              Papá, mamá, lo que le acabo de decir a papá es toda la verdad, no sois mis verdaderos padres.

              ¿Cómo dices eso hijo? Mamá te llevó en su vientre nueve largos meses y yo ví como nacías en el hospital y desde entonces no nos hemos separado ni un momento de ti.

              La madre comenzó a llorar, ¿hijo cómo puedes decir eso? Estás confundido, ¿quién ha podido decirte una cosa as?

              Nadie mamá, no me lo ha dicho nadie, lo se yo. He vuelto a nacer aquí pero, yo soy de Illinois EE.UU, allí tengo a mis verdaderos padres y a mis nueve hermanos, los que siguen llorando por mí desde el día en que me atropelló aquel camión y morí al instante.

              Este niño está delirando, no puede ser esa barbaridad que está diciendo.

              Todo su mundo se volvió patas arriba, comenzaron los problemas, el niño no dejaba de asegurar lo que había contado y ellos cada día más desesperados.

              Lo llevaron a varios psicólogos y a todos les contaba la misma historia. El estaba feliz en la casa y su comportamiento era bueno, pero en cuanto podía volvía con la misma cantinela.

              Comenzó a llamar a sus padres con el nombre de los que decía eran los de verdad, a las hermanas como decía que se llamaban las de la otra familia, Los estaba volviendo locos. También lo comentó en el colegio y la profesora no le creyó, pero comenzó a no atender por el nombre de Raúl con el que le habían bautizado y decía que se llamaba Edwin en la otra vida y si le llamaba así entonces atendía.

              En casa hizo lo mismo, si no le llamaban Edwin no atendía. Un día estando ya los padres muy hartos le dijeron que con esos datos no le creían, no era suficiente para hacer caso de tan gran disparate. Fue entonces cuando muy cargado de razones les dio el nombre de un pueblo de Illinois donde decía haberse criado hasta los catorce años que fue cuando murió.

              Los padres ya no sabían a qué atenerse y se pusieron en contacto con la guardia civil para ver si ellos les podían ayudar, al menos para averiguar si el pueblo que él decía existía y si allí había habido un hecho luctuoso que se correspondiese con las explicaciones que él daba. Los agentes se tomaron mucho interés en ayudarles, pero debían saber más cosas.

              Fueron a la casa para interrogarle y entonces comenzó a decir que su madre trabajaba en una fábrica, su padre era campesino y repetía sin cesar los hermanos que tenía, sus nombres, hasta los de los abuelos. La dirección de donde vivían en ese pueblo. Todos estaban alucinando, como podía ser aquello cierto.

              La guardia civil les dijo que lo dejasen en sus manos. Ellos harían una investigación exhaustiva, con todos los datos que les había dado el pequeño. Tardarían un tiempo en comprobar si aquello era cierto. Si una vez comprobado los datos se correspondiesen, tendrían que ponerse en contacto con las autoridades de EE.UU y verificar si lo sucedido era cierto. Si en realidad existía esa familia, si trabajaban como él decía en la fábrica y el campo, que tuviese tantos hermanos, que los abuelos también existiesen. Era una situación muy complicada.

              Pasó más de un año cuando recibieron noticias de la Guardia Civil. Las comprobaciones que habían hecho se correspondían en su totalidad con los hechos relatados por el niño. Todo era cierto, inexplicable pero cierto. Ahora debían de ser ellos los que decidiesen que hacer. Podían callar y decir que no habían encontrado nada o por el contrario ponerse en contacto con los padres americanos.

              Las mentiras tienen las patas muy cortas y con una persona tan lista e inteligente como era ese niño, los descubría rápidamente y en cuanto pudiese se iría a buscar su vida anterior. Si le decían la verdad, igual quisiera quedarse con ellos para siempre o por el contrario quisiera ir a reunirse con su familia americana.

              Decidieron hablarle sinceramente, con la verdad por delante y que el decidiese lo que quería hacer. Entonces les contestó con toda rapidez que estaba muy a gusto en España, pero, debía volver a sus orígenes. Esperarían a que les diesen las vacaciones de verano y entonces viajar toda la familia para conocer lo que había dejado en américa. Si le recibían como el esperaba después de lo mal que lo habían pasado tras su muerte, se quedaría con ellos y a su familia española les estaría agradecido de por vida por como lo habían tratado y sabiendo que eran unos padres para él y lo que le habían cuidado y querido en esos años. Si no lo recibiesen como el creía que debían, volvería a España y olvidaría toda su vida pasada. Nunca más volvería a pensar que había estado muerto y había resucitado.

 

                                          PILAR MORENO 

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