viernes, 14 de febrero de 2025

TRES HISTORIAS DIFERENTES


(TRES HISTORIAS DIFERENTES)


EL HOMBRE DE LA CAPA

 

            Era un apuesto hombre, alto de pelo castaño, así como la barba que gastaba hacía años. Aunque de clase media, gustaba de vestir bien los días festivos por lo que en invierno utilizaba capa española para abrigarse. Ese atuendo le hacía muy elegante y él se sentía muy feliz con él.

            Por el contrario, su esposa parecía avergonzarse de la vestimenta de su marido y en contadas ocasiones salía con él, decía que parecía un señor antiguo, claro está, que ella a su lado desentonaba bastante de lo mal arreglada que iba, cualquiera que los encontrase por la calle y no los conociese, nunca los asociaría como matrimonio.

 

LA AMBULANCIA Y EL TAXI

 

          En un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, había muy pocos habitantes, apenas 2000 por lo que contaban tan solo con una ambulancia y un taxi. Se daba la circunstancia de que el conductor de ambos vehículos era el mismo. Le pagaba el ayuntamiento y el era muy feliz con sus dos empleos.

            Siempre había trabajado en la capital, pero ya se sabe que los pechos de una mujer pueden más que maroma de barco. Se enamoró perdidamente de una muchacha y esta le hizo dejar el trabajo en el que llevaba años y tras la boda trasladarse al pequeño pueblo en donde ya le habían contratado para los dos empleos.

            Su aspecto era de un hombre normal, ni alto ni bajo, ni feo ni guapo, pero valía más que la esposa, que era bastante birriosa la pobre, pero encima le salió celosa y cada vez que llevaba en la ambulancia a alguna mujer joven, ella se pensaba que en la misma le hacía el amor y le montaba unos pollos de mucho cuidado.

            Pobre Venancio que así se llamaba, cuanto más le hubiese valido seguir con su empleo en la capital y haberse quedado soltero. El amor le condenó de por vida.

 

EL JARDIN PERDIDO

 

          Aquel matrimonio, vivían en un chale hacía muchísimos años, pero al caer enfermo el esposo decidieron venderlo y trasladarse al centro del pueblo pues ellos estaban bastante alejados y por miedo a que le pasase algo malo y se quedase la esposa sola hicieron la venta. Era una hermosa parcela la que tenían y al cambiarse a un piso ya no podían tener el jardín que tan felices les había hecho. Por el contrario, encontraron una vivienda en la planta baja de un edificio pequeño que les proporcionó una gran terraza en la que en macetas pudieron poner toda clase de flores y plantas que tanto les gustaban. De alguna forma recuperaron el jardín perdido, aunque nunca fue lo mismo.

 

                                   PILAR MORENO 11 febrero 2025

 

 

 

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