(TRES HISTORIAS DIFERENTES)
EL HOMBRE DE LA CAPA
Era
un apuesto hombre, alto de pelo castaño, así como la barba que gastaba hacía
años. Aunque de clase media, gustaba de vestir bien los días festivos por lo
que en invierno utilizaba capa española para abrigarse. Ese atuendo le hacía
muy elegante y él se sentía muy feliz con él.
Por
el contrario, su esposa parecía avergonzarse de la vestimenta de su marido y en
contadas ocasiones salía con él, decía que parecía un señor antiguo, claro
está, que ella a su lado desentonaba bastante de lo mal arreglada que iba,
cualquiera que los encontrase por la calle y no los conociese, nunca los
asociaría como matrimonio.
LA AMBULANCIA Y EL TAXI
En un
pequeño pueblo de la provincia de Jaén, había muy pocos habitantes, apenas 2000
por lo que contaban tan solo con una ambulancia y un taxi. Se daba la
circunstancia de que el conductor de ambos vehículos era el mismo. Le pagaba el
ayuntamiento y el era muy feliz con sus dos empleos.
Siempre
había trabajado en la capital, pero ya se sabe que los pechos de una mujer
pueden más que maroma de barco. Se enamoró perdidamente de una muchacha y esta
le hizo dejar el trabajo en el que llevaba años y tras la boda trasladarse al
pequeño pueblo en donde ya le habían contratado para los dos empleos.
Su
aspecto era de un hombre normal, ni alto ni bajo, ni feo ni guapo, pero valía
más que la esposa, que era bastante birriosa la pobre, pero encima le salió
celosa y cada vez que llevaba en la ambulancia a alguna mujer joven, ella se
pensaba que en la misma le hacía el amor y le montaba unos pollos de mucho
cuidado.
Pobre
Venancio que así se llamaba, cuanto más le hubiese valido seguir con su empleo
en la capital y haberse quedado soltero. El amor le condenó de por vida.
EL JARDIN PERDIDO
Aquel
matrimonio, vivían en un chale hacía muchísimos años, pero al caer enfermo el
esposo decidieron venderlo y trasladarse al centro del pueblo pues ellos
estaban bastante alejados y por miedo a que le pasase algo malo y se quedase la
esposa sola hicieron la venta. Era una hermosa parcela la que tenían y al
cambiarse a un piso ya no podían tener el jardín que tan felices les había
hecho. Por el contrario, encontraron una vivienda en la planta baja de un
edificio pequeño que les proporcionó una gran terraza en la que en macetas
pudieron poner toda clase de flores y plantas que tanto les gustaban. De alguna
forma recuperaron el jardín perdido, aunque nunca fue lo mismo.
PILAR
MORENO 11 febrero 2025
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