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El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre y durante un
instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y
comenzaban a invadir su pie.
Como buenamente pudo, se acercó el pie a la boca, pero con mucha dificultad y
succionó con todas las fuerzas que pudo el veneno que la víbora le había
inoculado. El dolor seguía y el pie cada vez se iba hinchando más.
Llamó a través de su móvil a las emergencias y dio la ubicación de donde se
encontraba. En esos momentos ya se iba encontrando mareado y así se lo
comunicó.
- Por favor vengan lo antes posible, el mareo va a más y me voy encontrando
muy mal. No sé si llegarán para poder salvarme la vida. Por caridad dense prisa
no es ninguna broma, es muy serio lo que me ha ocurrido.
- Los sanitarios le seguían hablando para tratar de que no se durmiese y
saber cómo se encontraba según lo que les iba narrando.
- El lugar donde se encontraba bastante alejado de la ciudad por lo que el
socorro debía tardar bastante en llegar al lugar donde se encontraba aquel
pobre hombre.
- Según le iban hablado, iba perdiendo la fuerza en la voz y temían que
cuando llegasen, hubiese fallecido.
A su llegada con una ambulancia
medicalizada, lo comenzaron a tratar y rápidamente lo introdujeron en ella y a
toda velocidad fueron dirigiéndose hasta el hospital más cercano al cual ya le
habían solicitado el antídoto para en cuanto llegasen aplicárselo y poder
salvarle la vida.
Hicieron todo lo posible y más para salvarlo, pero, no terminaba de
recuperarse, el pie iba a peor y por desgracia iba subiendo por la pierna. Lo
iban haciendo cortes para que a través de ellos fuese expulsando el veneno.
Pasaban los días y aquello no se recuperaba, los dolores cada vez eran más
grandes y sus constantes cada vez iban disminuyendo.
Con mucho pesar y habiendo tratado por todos los medios de evitarlo, decidieron
llevarlo a quirófano para amputarle la pierna. Así lo hicieron con la esperanza
de poder recuperarle. Con una sola pierna no tendría problemas para vivir.
Pasaban los días y aquel hombre no mejoraba. Al contrario, y por más
antibióticos y más cosas que le ponían, no respondía. Se le presentó una septicemia
que terminó con su vida.
PILAR MORENO
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