martes, 15 de abril de 2025

A LA DERIVA


 

             El hombre pisó algo blanduzco, y enseguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque. El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

              El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaban a invadir su pie.

              Como buenamente pudo, se acercó el pie a la boca, pero con mucha dificultad y succionó con todas las fuerzas que pudo el veneno que la víbora le había inoculado. El dolor seguía y el pie cada vez se iba hinchando más.

              Llamó a través de su móvil a las emergencias y dio la ubicación de donde se encontraba. En esos momentos ya se iba encontrando mareado y así se lo comunicó.

-          Por favor vengan lo antes posible, el mareo va a más y me voy encontrando muy mal. No sé si llegarán para poder salvarme la vida. Por caridad dense prisa no es ninguna broma, es muy serio lo que me ha ocurrido.

-          Los sanitarios le seguían hablando para tratar de que no se durmiese y saber cómo se encontraba según lo que les iba narrando.

-          El lugar donde se encontraba bastante alejado de la ciudad por lo que el socorro debía tardar bastante en llegar al lugar donde se encontraba aquel pobre hombre.

-          Según le iban hablado, iba perdiendo la fuerza en la voz y temían que cuando llegasen, hubiese fallecido.

A su llegada con una ambulancia medicalizada, lo comenzaron a tratar y rápidamente lo introdujeron en ella y a toda velocidad fueron dirigiéndose hasta el hospital más cercano al cual ya le habían solicitado el antídoto para en cuanto llegasen aplicárselo y poder salvarle la vida.

              Hicieron todo lo posible y más para salvarlo, pero, no terminaba de recuperarse, el pie iba a peor y por desgracia iba subiendo por la pierna. Lo iban haciendo cortes para que a través de ellos fuese expulsando el veneno. Pasaban los días y aquello no se recuperaba, los dolores cada vez eran más grandes y sus constantes cada vez iban disminuyendo.

              Con mucho pesar y habiendo tratado por todos los medios de evitarlo, decidieron llevarlo a quirófano para amputarle la pierna. Así lo hicieron con la esperanza de poder recuperarle. Con una sola pierna no tendría problemas para vivir.

              Pasaban los días y aquel hombre no mejoraba. Al contrario, y por más antibióticos y más cosas que le ponían, no respondía. Se le presentó una septicemia que terminó con su vida.                                                                                                                                   

                                                                                                                                               PILAR MORENO 

 

 

 

 

 

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