Comenzaba a amanecer cundo Gabriel Luna llegó ante la catedral. En las estrechas calles toledanas todavía era de noche. La azul claridad del alba, que apenas, lograba deslizarse entre los aleros de los tejados, se esparcía con mayor libertad en la plazuela del Ayuntamiento, sacando de la penumbra la vulgar fachada del palacio del arzobispo y las dos torres encaperuzadas de pizarra negra de la casa municipal, sombría construcción de la época de Carlos V.
Gabriel
paseó largo rato por la desierta plazuela, subiéndose hasta las cejas el embozo
de la capa, mientras tosía con estremecimientos dolorosos. Sin dejar de andar,
para defenderse del frío, contemplaba la gran puerta llamada del Perdón, la
única fachada de la iglesia que ofrece un aspecto monumental.
En
aquella plazuela hacía un frio insoportable, era el mes de enero y por muy
abrigado que fuese Gabriel, la temperatura bajo cero que hacía en aquel lugar,
iba a contribuir a que su mal estado de salud fuese a peor.
A
Gabriel le habían diagnosticado un tumor en el pulmón y le habían dado muy poco
de vida. Tenía mucha ilusión hacía tiempo de conocer la catedral de Toledo, le
habían contado que era una maravilla y no quería irse de este mundo sin haberla
visto.
Era uno
de los templos católicos más bellos de la cristiandad contiene obras de arte
imprescindibles como la famosa Custodia para la procesión del Corpus Christi,
el atrevido Transparente barroco y el colorista Expolio del pintor el Greco.
La
Capilla de la Descensión. Lugar que señala la existencia de la iglesia visigoda
de Santa María, escenario del encuentro entre el obispo visigodo del siglo VII
San Ildefonso con la Virgen María, quien según la tradición vino a entregarle
un regalo por su fidelidad y defensa de su virginidad: una casulla tejida por
ángeles.
Junto a
la reja del altar de Prima, se halla la Virgen Blanca. La figura de María
sostiene al niño en brazos y este se vuelve y le acaricia la barbilla sin dejar
de sonreír ambos con dulzura y comunicación entre sí.
Sobre la Puerta
de los Leones se encuentra el órgano más antiguo llamado “del Emperador”, por
ser un regalo de Carlos I de España y V de Alemania a la Catedral. En total
esta catedral tiene diez órganos.
La joya
de la Catedral: la Custodia
La torre
labrada en plata dorada en 1514, por encargo del cardenal Cisneros, es la joya
por excelencia del tesoro catedralicio. Fruto de devoción a la Eucaristía y de
la caridad a los pobres de la Reina Isabel la católica,
Recientemente
restaurada, brilla el oro macizo de la pieza interior y la plata original en
parte dorada de la torre externa, y fascina por la labor menuda de sus imágenes
y piedras preciosas. Una Jerusalén celeste que pasea cada año, entre nubes de
incienso, en la Fiesta Grande de la ciudad: El Corpus Christi de Toledo.
La
fachada principal cuenta con tres puertas de acceso, la del Perdón o de los
Reyes en el centro, la de las Palmas o del Infierno al lado de la torre y la de
los Escribanos o del Juicio lindando con la Capilla mozárabe.
Gabriel
tiritando sin parar, cuando comienza a amanecer, se embelesa viendo las puertas
de la catedral, piensa en la grandiosidad de la arquitectura y la belleza del
conjunto de las piedras labradas. Espera hasta que el templo se abre para poder
entrar a deleitarse con su interior. Hay mucho por ver y el se va encontrando
cada vez peor, pero no deja de ver ningún rincón del templo y a lo que más
tiempo dedicó fue a la custodia. No podía creer que todo aquello tan precioso y
valioso procesionase por las calles de la ciudad.
Muy
agotado, salió de aquel maravilloso lugar y se dirigió hasta su coche para
volver a su lugar de origen. Lo arrancó y puso la calefacción a tope para
entrar en calor. No logró arrancarlo, un paro cardiaco lo atacó quedando muerto
en el asiento de su coche. Había cumplido su último deseo.
PILAR
MORENO 10 marzo 2025
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