jueves, 1 de marzo de 2018

EL ATELIER DE DOÑA PAQUITA




La entrada en aquel atelier era como transportarse a otro mundo, cuando se abría aquella hermosa puerta cristalera que daba paso hacia el interior de aquella estancia, los ojos se dispersaban por todos los anaqueles llenos de preciosas telas. En ellos se encontraban las más suaves sedas naturales, los guipures más finos, los tules de diversos colores, las batistas, los santunes, en fin, un innumerable catálogo de tejidos que dejaban con la boca abierta a toda persona que allí entrase.
          Según se iba adentrando en el local, también se veían almacenadas, cintas, puntillas, encajes, cremalleras y todo lo que se pudiese necesitar para la confección de los exclusivos modelos que doña Paquita confeccionaba para sus clientas, que dicho sea de paso pertenecían a la más granada sociedad del país. Por otro lado, el olor que desprendían todas aquellas texturas era tan delicioso que con solo arrimarse a cualquier estantería se podía adivinar con los ojos cerrados a que clase urdimbre pertenecía ese aroma.
          Las variadas hilaturas bien almacenadas como si no tuviesen importancia y sin embargo tenían mucha a la hora de confeccionar cualquier prenda, debía de ser el color exacto y el grosor pertinente para no destacar sobre el paño. No era fácil coser en aquel atelier si no se era una experta modista.
          Ariadna, pasaba todos los días por la puerta del taller y se quedaba embobada mirando todo lo que desde la calle se veía, así como los modelos que se exhibían en el escaparate. Era una jovencita de catorce años, rubia con una larga melena, una cara como de porcelana, ojos azules y la figura más esbelta que jamás nadie hubiese podido imaginar.
          Como toda muchacha de esa edad, soñaba con algún día poder lucir alguno de aquellos modelos que parecía hechos exclusivamente para princesas. Un día se decidió a entrar en aquel comercio y ver de cerca todo lo que allí se vendía y como un autómata fue recorriendo todos los pasillos, admirando con la boca abierta todo lo que allí se encontraba expuesto. De pronto una dependienta se le acercó y viendo la juventud de la chica, le preguntó con delicadeza si podía ayudarle en alguna cosa. Ariadna, sin pensárselo dos veces le dijo muy segura de si misma.
          -Deseo ver a doña Paquita, la dueña del negocio-
-¿Perdona niña, pero me puedes decir para que deseas verla? Es una persona muy ocupada y no creo que quiera perder el tiempo contigo-
          -Señorita, no creo que sea perder el tiempo, cuando lo que vengo a proponerle es trabajar para ella, quiero aprender todo lo que ella sabe y lo haría por una mínima cantidad de dinero-
          Bueno pues has de esperar un momento que voy a comunicárselo.
La dependienta se metió hacia la trastienda y al poco rato salió y se dirigió a Ariadna.
          -Me dice doña Paquita que ahora está ocupada con una importante clienta, pero si no tienes prisa, en cuanto termine de atenderla, te hará pasar a su despacho para que puedas hablar con ella-
          Así lo hizo Ariadna, se esperó lo que hizo falta y al cabo de un rato, la dependienta le hizo pasar al despacho de doña Paquita. Una estancia sobria en donde la dueña del atelier atendía a sus clientas, en esa habitación además de ser despacho, había una inmensa mesa en donde doña Paquita mostraba las telas exquisitas adecuadas para hacer los mejores trajes que le encargaban.
          La chica expuso a doña Paquita su deseo de trabajar para ella y esta aceptó de buen grado pues vio la buena disposición que Ariadna parecía tener. Le dijo que tendría que comenzar desde abajo, es decir pasando hilvanes, cosiendo algún botón, pero todo con suma delicadeza pues todo lo que allí se cosía era de géneros muy delicados y de alto precio.
          Quedaron de acuerdo en que los tres primeros meses estaría a prueba y no recibiría nada de sueldo, si lo superaba, sería entonces cuando hablasen de salario. Ariadna, salió del atelier dando saltos de alegría, sabía que su madre aprobaría su decisión ya que los estudios no eran lo suyo.
          Llegó el día en que comenzó su trabajo y se sentía feliz entre aquellos tejidos de tan alta calidad. Doña Paquita le fue diciendo como tenía que pasar los hilvanes y casi le tuvo que enseñar a enhebrar la aguja. Ella, cada vez que lo hacía, cortaba unas hebras de hilo tan largas que se le enredaban y rompían a cada paso. Entonces doña Paquita, con suma paciencia, le dio un trozo de tela de poco valor y una bobina de hilo de cualquier color y le fue enseñando los trozos de hilo que debía cortar y como debía hacer para pasar el mismo por la tela en puntadas iguales para que no se le estropease. Dio muy buen resultado ya que era una chica muy espabilada, aprendía con mucha facilidad, en pocos días había aprendido a cortar bien el hilo y sorprendiendo tanto a Doña Paquita como a las demás oficialas y aprendizas, sus hilvanes, pasado de hilos e incluso encarar prendas. Tenía asombradas a todas sus compañeras, su forma de aprender era extraordinaria, fina y parecía que esa prenda que ella estaba confeccionando lo estaban haciendo los ángeles de tan delicadamente que era cosida. Casi desprendía envidia pues con el paso del tiempo se fue convirtiendo en la favorita de doña Paquita. Cada costura que hacía Ariadna era diferente a la de todas las demás. El hilo de Ariadna era el mejor aplicado en cada prenda, por eso era que todo lo más fino y más delicado que se cosiese a mano en aquel atelier, era siempre encargado a ella.

                                        PILAR MORENO 1 marzo 2018


COMO VA A PODER EXISTIR UN RÍO SIN CORRIENTE?




          Esa pregunta me llevo haciendo yo mucho tiempo ¿cómo va a existir un rio sin corriente? Puede que sea un río de moda, de arte o de cualquier otra cosa a la que llamen corriente, pero lo que entendemos por un río, jamás puede estar sin corriente.
          Los hay que pueden estar secos por completo, como puede ser el arroyo de la Póveda que pasa por nuestra ciudad, el cual siempre está seco, atraviesa el centro de Villalba y en su cauce solo se ven basuras, desperdicios y por agua parece que los vecinos arrojasen a él el agua de fregar el suelo, sucia y negruzca. Pero… caramba, yo lo he visto desbordarse y meterse en la casa de la Venta y tener que acudir los bomberos para achicar el agua que en la misma se había metido.
          Otro ejemplo es el Manzanares, el río de Madrid, nace en la Pedriza, concretamente en el Ventisquero de la Condesa y en su nacimiento su caudal es tímido, fino, sobre todo si es un año no haya llovido como este en el que nos encontramos, pero cuando llega la primavera y comienza el deshielo, fluye en pequeñas cascadas deslizándose por las piedras que forman su cauce. Se detiene en algunas pozas que las piedras han formado, pero se escapa rápidamente por laterales o pequeñas oquedades para seguir su curso hacia su destino. En su caminar, hace suaves las piedras cubiertas de musgo y entre las cuales se esconden cantidad de truchas y pececillos, que hacen las delicias de los pescadores. A medida que va ganando terreno, se va haciendo más importante y más caudaloso, atraviesa la capital y acaba desembocando en el río Jarama en la población de Rivas Vaciamadrid.
          También hablaré del rio Guadarrama que atraviesa nuestra población, un río que nace en el Pico Siete de la Sierra de Guadarrama, a una altura de 1.900 metros. Desemboca en el río Tajo en Toledo. Este río le conozco bien, he vivido muchos años a pocos metros de una de sus orillas, al principio era un río en el que se practicaba bastante la pesca, entonces comestible, corría con fluidez. Luego con el cambio climático hay épocas en las que su caudal es liviano y otras cuando menos lo esperas se desborda, se enfada y hace de las suyas. Al principio de la calle en la que yo vivía, se salía de su cauce y entraba en las casas que había cerca de él y también le he conocido hace muchos años haber rebosado por encima del Puente del Herreño y haber tenido que cotar la carretera. Sin embargo, la mayoría de las veces parecía que era una balsa estable, sin apreciarse cualquier movimiento.
          También se que existe algún riachuelo que corre con gran timidez y termina su curso en un hermoso lago en el cual no se aprecia ningún movimiento de corriente, tampoco se sabe si esa agua que el lago recibe se vacía por algún sitio, no existe salida alguna superficial, este tipo de lago se le llama Atitlán. A ese tipo de cuencas se le conoce con el nombre de Endorreica.

                              PILAR MORENO  24 febrero 2018


         



viernes, 16 de febrero de 2018

Y DE REPENTE UN CUENTO ESTEMPORANEO



      Aquel comedor estaba preparado con todo esmero, solo se utilizaba en fiestas familiares de gran importancia o en las grandes reuniones familiares cuando todos celebraban la Navidad.
          En esa ocasión el chalet al completo relucía y estaba dispuesto para acoger a la anciana tía Ágata que volvía del exilio y a la que no conocía la mayor parte de la familia. Era la tía de Felix, hermana menor de su padre, soltera, y que había permanecido por América del Sur, Argentina, Chile, Uruguay, etc. Al terminar la segunda guerra mundial, esta había huido hacia esas tierras ya que había servido como enfermera en Alemania y había soportado todos los horrores que durante esa contienda se habían practicado a los judíos. Ella tuvo mucho miedo y en lugar de volver al hogar de su familia en España, había tomado la decisión de escapar a América.
          A su llegada fue recibida con gran cariño por Felix y su esposa Anita, quien a la vez ya mayores presentaron a sus hijos Fernando y Natalia los cuales tenían también a los suyos propios, José, Mateo, Andrea y Luis, así como sus respectivos cónyuges, así como a los diez biznietos que por allí correteaban, haciendo las delicias de aquella gran familia.
          Como ya he dicho tía Ágata era soltera y sus hermanos ya habían fallecido, lo que quiere decirse que solo le quedaba esta familia en el mundo. Todos sabían que al no tener a nadie más que a ellos, si algún bien o propiedad existía en su haber, decididamente sería para repartir entre ellos. Realmente la acogieron con mucho cariño y como ya era bastante anciana y la casa era grande, la ofrecieron quedarse a vivir con ellos, invitación que la buena señora declinó al instante. Siempre había vivido sola y hecho lo que le había venido en gana y ahora en el umbral de su muerte nadie la iba a gobernar por muy familia que fuesen y buena voluntad que tuviesen.
Una vez que le habían acoplado el equipaje en lo que sería su habitación como invitada y se había aseado para la cena, bajó al comedor con porte de gran señora que realmente tenía. Poco sabían de lo que había hecho en su vida por esos mundos de Dios, pero la apariencia era de haber llevado una buena vida y estar acostumbrada a que la sirviesen, sabía muy bien comportarse tanto con los familiares tanto como con el servicio.
          La sirvienta, al toque de la campanilla de la señora, comenzó a servir la cena. Era una cena esplendida de gran celebración, regada con buenos caldos y rematada con los mejores postres que la cocinera había sabido preparar.
          En lo que esperaban el café y los licores, los niños le pidieron a tía Ágata que les contase alguna historia de los sitios por donde había vivido y anécdotas y vivencias que para ellos sería divertido.
          Bien les dijo con mucho agrado os contaré cosas que he vivido en la realidad y algunas de las que me han hecho ir huyendo de un país a otro:
          -En Alemania, cuando partí de España para ir a ayudar a las tropas en guerra, tuve que ver muchos asesinatos, sobre todo de los pobres judíos. Vi como los metían en aquellas horribles cámaras de gas y los asfixiaban. -
          -También pude ver como si alguno intentaba escapar, lo degollaban sin ningún escrúpulo en plena calle a la luz del día. –
          - Pude también observar como les arrancaban las uñas para que hablasen. –
          Entonces Felix, muy moderado como el era y con gran educación, se dirigió a tía Ágata y le solicitó que silenciase ya esa cantidad de atrocidades que estaba contando. Los niños habían solicitado cosas graciosas, cuentos y anécdotas de una vida llena de recuerdos y vivencias, pero el cariz que estaban tomando aquellos detalles que ella estaba dando, lo único que estaba consiguiendo con ello era aterrorizarles. Aquello había pasado hacía muchísimos años y ya lo entenderían cuando tuviesen edad para ello, pero en ese momento solo era un cuento extemporáneo.

                                        PILAR MORENO  16 febrero 2018







         



sábado, 10 de febrero de 2018

UN SUICIDIO PREMEDITADO



     Este escrito sobre el suicidio premeditado me da la oportunidad de expresar lo que realmente siento sobre este tema. Sinceramente creo que nadie en sus cabales pueda premeditar como quitarse la vida. Supongo que cuando se llega a esa determinación tan horrible, tiene que pasar un flas por la cabeza de quien lo lleva a término, que no debe de dar tiempo a meditar.
          Nadie que ha cometido ese acto ha podido contar que ha sido lo que le ha llevado a cometer tal atrocidad. Y realmente hay veces en nuestras vidas que sentimos un vacío o una situación que creemos insalvable y aunque pensemos que lo mejor sería desaparecer, nunca llegamos a cometer esa acción y con el tiempo nos damos cuenta de que todo tiene solución en este mundo, menos la muerte, con ella realmente no se soluciona nada, al contrario, a veces se empeora sobre todo para las personas que quedan detrás.
          Hay otras personas que se pasan la vida amenazando a todo el que se encuentra a su lado que se va a suicidar. Sin dar demasiados detalles, diré que mi madre ya fallecida hace muchos años, tenía la costumbre de amenazarnos con quitarse la vida cuando no conseguía hacer lo que le venía en gana. A mi pobre padre lo martirizó con ese tema durante toda su vida de matrimonio y con la mano en el corazón, creo que se murió a tiempo de que se enterase que imposible seguir dándole todo lo que ella exigía. Eran un matrimonio de clase media que habían salvado situaciones complicadas, pero que a ella eso no le parecía nada, claro que siempre el que dio la cara en todo y solucionó todo fue mi padre.
          Egocéntrica, caprichosa, insociable, paranoica, supersticiosa etc. lo tenía en un puño metido, en cuanto le negaba algo que pidiese, se ponía muy mala, parecía que se iba a morir. Tenía que ser la primera en todo, la más arreglada, la mejor vestida, pero si rascabas por debajo, no había nada. Todo era superficial.
          Su mayor amenaza era que se iba a subir a la terraza donde se tendía la ropa y se iba a tirar desde allí, era un cuarto piso. Mi padre entonces temblaba, se quedaba blanco y siempre le decía, pero que tonterías dices, pero, por si acaso quitaba la llave de donde la solían tener guardada. Una vez fallecido mi padre, a los pocos días, como estaba en mi casa entré a su cuarto a darle las buenas noches y le pillé con un puñado de pastillas en la mano de las que ella habitualmente tomaba. Le pregunté que qué hacía con eso y me dijo pues tomármelas y así se acaba todo. Muy pacientemente se las quité y las escondí y nunca más las volvió a pedir, ya nunca más las necesitó. Para mí que fue una treta para preocuparme y que le prestase a ella toda la atención. Si realmente lo hubiese premeditado y lo hubiese querido hacer de verdad lo habría hecho cuando supiera que yo no la iba a pillar.
          Cuando volvimos a Madrid después del verano, tuve una gran discusión con ella y me amenazó como a mi padre con subirse a la terraza y tirarse, fue entonces cuando tomé la decisión que mi padre nunca tomó. La puse sobre la mesa la llave de la terraza y le dije aquí la tienes, si es tu gusto lo haces, pero espérate a que yo esté ya en mi casa para que a mi no me puedan involucrar en tu locura. Ahora dame un beso por si no te vuelvo a ver. Abrí la puerta y me marché. Por el camino iba pensando en lo bruta que había sido con ella, pero era una persona con la que no era posible razonar; también se me pasó por la cabeza en sí, aunque fuese por fastidiarme y salirse con la suya se le ocurriría hacerlo, pero yo estaba en lo cierto, fue la última vez que lo dijo.
          Es por eso mi pensar que quien quiere hacerlo no lo anuncia. Tiene que ser un acto muy improvisado una locura repentina.

                                                   PILAR MORENO 10 febrero 2018



viernes, 2 de febrero de 2018

ENCONTRÉ EL BRAZO INCORRUPTO INCORRUPTO



En un pueblo pequeño de Castilla, había un sacerdote muy joven que favorecía a todo el que podía ya que eran tiempos duros. Un simple trozo de pan que el tuviese para su alimento se lo daba al primer paisano que viese con hambre, alegando que él no lo necesitaba, su alimento se lo daba el señor mientras dormía.
Como eran pueblos con muy poca población, este sacerdote cubría varios pueblos para las necesidades eclesiales. Todos los habitantes de dichos pueblos le tenían un aprecio muy especial pues era realmente un alma buena. Si había algún enfermo al que velar por la noche el lo hacía para que los familiares descansasen que al día siguiente tenían que salir a laborar al campo. Aunque el a las siete de la mañana ya debía estar en uno de los pueblos para oficiar la santa misa, pero para él no había horarios.
Al estallar la contienda civil en 1936, dado que estos pueblos se encontraban en zona roja como se decía, el padre Juan que era como se llamaba el sacerdote, fue perseguido sin parar, pero era tanto lo que le apreciaban los vecinos que por las noches lo sacaban de una casa para esconderlo en otra y a la siguiente lo sacaban de esa y lo cambiaban a otra, lo escondían en los pajares envuelto en paja, en las cuadras, en armarios con falsos techos, en cualquier lugar en que lo supieran a salvo. No podía asomar por ningún sitio pues era una persecución a muerte.
Así fue pasando el tiempo y el pobre hombre estaba muy agradecido de todo lo que estaban haciendo por él. Realmente todos lo tenían por un santo, aunque él se consideraba una persona normal. Estuvo en esas condiciones casi año y medio y sin saber cómo se enteraron, una noche cuando iba a ser trasladado de domicilio a altas horas de la noche, los milicianos los dieron el alto y cuando echaron a correr, fueron abatidos a tiros tanto él como los vecinos que lo acompañaban.
Los dejaron tirados en medio del camino cual perros. Por la mañana a la amanecida, los vecinos dieron sepultura a los cuerpos en una sola fosa en el cementerio pues temían que si los veían enterrándoles ellos corriesen la misma suerte.
Cuando termino la lucha armada, los vecinos, se pusieron de acuerdo para sacar de la fosa en donde habían enterrado al sacerdote y a los vecinos que fueron muertos con él, para darles sagrada sepultura en sus pueblos de origen. Cual fue la sorpresa de los paisanos al abrir aquella fosa y ver que el padre Juan se encontraba en las mismas condiciones que recién enterrado, tenía color en la cara, parecía que acabase de fallecer, al contrario que los compañeros que cayeron junto a él que como era natural estaban en el normal estado de descomposición.
Los sacaron de aquella fosa para llevarlos a cada uno a su cementerio correspondiente y cual fue la sorpresa que solo al padre Juan le faltaba un brazo, su cuerpo incorrupto estaba mutilado. ¿Quién habría osado de mutilar a ese santo? pues no había duda alguna de que era un santo.
Una vez concluidos los sepelios, se dedicaron a buscar por todos los sitios el brazo incorrupto del padre Juan para llevarlo junto a su cuerpo. No fue tarea fácil, pasaron muchos meses de búsqueda infructuosa, aunque no cesaban en la búsqueda. Un día el alcalde de uno de los pueblos, fue a visitar los barracones en los que habían estado los milicianos para tirarlos abajo y quitar de la vista unas casas que tanto dolor habían causado a las poblaciones cercanas. Fue rodeando todo lo que allí había quedado, que estaba todo casi destruido. En un rincón de lo que podía haber sido una oficina, vio una caja que lo llamó la atención, se acercó con mucho cuidado y cual fue su sorpresa al encontrar allí dentro el brazo del padre Juan como si se lo acabasen de arrancar. No había duda, estaba incorrupto.
Lo tomó en sus brazos y salió corriendo hacia el pueblo mientras iba rezando, al llegar comenzó a gritar con todas sus fuerzas
HE ENCONTRADO EL BRAZO INCORRUPTO DEL PADRE JUAN”

                                                   PILAR MORENO 2 febrero 2018



viernes, 19 de enero de 2018

EL MISRERIO DEL SARI ROJO



         Había salido de su ciudad natal Sevilla, con la finalidad de terminar sus estudios de arte en la capital de Italia. Natalia, confiaba plenamente que en esa ciudad tan monumental y desde allí en las que en ese país se encuentran, podría obtener unas calificaciones suficientes para que su final de carrera y su tesis le diesen acceso a un magnifico puesto de trabajo, pues hasta ese momento había logrado terminar todos los cursos con unas calificaciones excelentes.
          Llegó a Roma como primer destino y se alojó en el modesto hotel que desde su ciudad había reservado. Procedía de una familia de clase media, pero no podía permitirse estar en un gran hotel hasta el final de sus estudios. Sus hermanos también estaban estudiando y aunque ella había ido ahorrando algún dinero de lo que había ganado los fines de semana sirviendo copas en una discoteca de su ciudad, sus padres tendrían que ayudarle una vez terminados sus ahorros pues Roma era una ciudad cara y lo suyo no daría para mucho tiempo.
          Comenzó rápidamente sus clases y aprovechaba el tiempo todo lo que podía, sabía que no podía perder tiempo. Chica alegre y simpática, enseguida hizo amigos y aunque estudiaba con gran entusiasmo, no se negaba a la diversión pues como ella decía, la vida hay que aprovecharla sobre todo cuando se es joven pues los años pasan y luego no se sabe lo que se podrá hacer.
          Su pandilla se formaba por varios miembros de chicos y chicas, todos estudiantes. Unos estudiaban lo mismo que ella arte. Entre ellos Anand, era un muchacho de su misma edad, moreno, con la dentadura más blanca que ella jamás había visto, alto, muy bien parecido, simpático y desde el primer momento hicieron una buena amistad. Todo el mundo se daba cuenta de las buenas migas que habían hecho.
          Un buen día Anand se las arregló para que saliesen los dos solos, quedaron en una cafetería distinta a la que quedaban siempre y cuando se encontraron, él le tendió un paquete, una ofrenda que le dijo era una costumbre que en su país tenían de hacerle a la chica con que salía por primera vez. Natalia comenzó a reírse, no se tomó en serio que le quisiera hacer un obsequio como primera vez que salía con ella ¿Qué quería decir con aquello? Abrió con serenidad el paquete el cual estaba envuelto con gran delicadeza y, cual fue su sorpresa cuando dentro había nada más y nada menos que un Sari de color Rojo. Ella lo miraba extrañada al tiempo que también lo miraba a él, estaba atónita, no sabía que quería decir ese detalle.
          Cuando Anand comprendió lo envarada que ella estaba, le explicó la costumbre que existía en su país de hacer aquel regalo a la chica que él había elegido para ser su prometida. Su país, India, era un país de muchas tradiciones y él esperaba ser correspondido a sus sentimientos y aceptase como primer regalo ese sari que había pedido a su madre que le enviase. Atónita lo aceptó y también acepto a ser su novia, pero lo de ser su prometida con idea de llegar al matrimonio cuando terminasen la carrera era demasiado correr y así se lo hizo saber. Él no le dio importancia, diciéndole que el tiempo sería el consejero de lo que debían hacer, pero que el estaba convencido de que sería la madre de sus hijos.
          Pasaba el tiempo, corrían de ciudad en ciudad afianzando sus estudios. Un día en la Galería de la Academia, justo delante del David de Miguel Ángel al que estaban admirando con pasión, Anand la tomó por la cintura y dándole un apasionado beso le dijo que era tan bella como aquella estatua y que ya jamás podría separase de ella. Fue entonces cuando ella le correspondió y le dijo que a ella le sucedía lo mismo, comprendía que era el amor de su vida. Le confesó que por las noches se colocaba el sari que le había regalado y se sentía como una diosa envuelta en él.
          Anand entonces fue cuando se decidió a confesarle la procedencia del sari y de que familia provenía él. Su familia procedía de la estirpe de la casa de Borbón en la India, concretamente de Juan Felipe de Borbón, cuyo padre fue Carlos III de Borbón el cual no pudo reconocerle por su pronto fallecimiento. Fue criado en Italia y después de muchos avatares en su corta vida, fue llevado a Egipto y vendido como esclavo. Con el tiempo consiguió escapar y embarcar hacia la India. Desembarcó con un sacerdote y dos amigos en Madrás y desde allí se trasladó a Delhi a la corte del emperador Akbar. Este al enterarse de que Juan Felipe de borbón era hijo del condestable Borbón lo nombró maestro de Artillería y le concedió en matrimonio a una esclava georgiana. También lo nombró rajá de Shergan, desde ese momento, la familia de Juan Felipe estuvo ocupando altos cargos de la administración y fueron gobernadores del principado de Shergan.
          Su padre era un descendiente de la casa de Borbón en la India y el Sari que le había regalado, había pertenecido a su abuela paterna por lo que tenía un extraordinario valor sentimental para su familia además de que todas las mujeres que lo habían utilizado habían gozado de una salud extraordinaria, así como de poderes incalculables.
          Una vez que terminasen la carera ese mismo año, deberían trasladarse a la India para que su familia la conociese y comenzar con los preparativos de una boda principesca. Cuando recibió como regalo el Sari Rojo, nunca imaginó el destino que la esperaba.

                                                   PILAR MORENO 20 enero 2018


                    

LA ESCUELA DE DOÑA REMEDIOS



          Doña Remedios era la maestra de escuela de aquel precioso pueblo. Era un pueblo pequeño por lo que solamente había una escuela y una maestra la cual impartía sus clases a todos los niños del lugar. Los tenía separados en grupos los pupitres según las edades que estos contasen. No por ello aprendían menos que en otros colegios. Era una buna maestra y con muchos años de experiencia y sabía perfectamente cuales eran las asignaturas y necesidades de cada grupo. Además, si había algún muchacho o muchacha que no fuese capaz de seguir el ritmo de la clase, le dedicaba fuera de horas el tiempo pertinente para que no se quedase más atrasado que los demás del grupo.
          Todo el mundo la quería, como era un pueblo muy pobre, pagarle más de lo que el ayuntamiento tenía establecido no era posible y realmente era un salario mísero. Lo único que hacían era según sus posibilidades, llevarle unos huevos, un pan, unas verduras de sus huertos, patatas. La mujer tampoco gastaba en exceso ya que era ella sola, soltera y según les decía a las madres de sus alumnos no había conocido varón.
          Maruja o Marujita como todos la llamaban, era de las alumnas mayores y también muy espabilada. Un día su madre le envió a casa de la maestra a llevarle unos tomates recién recogidos del huerto, esta se dirigió a casa de doña Remedios con rapidez pues quería ir con sus amigas a jugar al rio. Cuando llegó tocó a la puerta y sin esperar contestación se coló pasillo adelante y al llegar a la cocina, encontró a Doña Remedios, sentada sobre las rodillas de un hombre. Un gran susto se llevaron y cuando volvieron la cabeza para ver quien les había sorprendido, Maruja se dio cuenta de que el hombre sobre el que estaba sentada doña Remedios, era nada más y nada menos que el párroco que tenía la sotana bien remangada. No pudo ver nadas más pues tiró los tomates sobre la mesa y salió corriendo antes de que la pudiesen retener.
          El párroco no era corriente verlo por el pueblo puesto que llevaba las iglesias de varios pueblos al mismo tiempo ya que eran todos de muy pequeña cuantía de habitantes. Todos decían que D. Roberto era un Santo, no tenía tiempo para nada y si mucho trabajo pues había de desplazarse en bicicleta de pueblo en pueblo y no solo dar la Santa misa, también debía dar consuelo a los enfermos, celebrar bodas, bautizos, comuniones y no olvidemos celebrar los funerales de los paisanos que fallecían y había días que tenía que celebrar dos o tres pues la población era de muy avanzada edad.
          Cuando Maruja salió de aquella casa como alma que lleva el diablo, corrió a su casa a contárselo a su madre. Esta asombrada, le dijo que no habría visto bien, como iba a ser aquella barbaridad, estarían calentándose al amor de la lumbre, pero Maruja, sabía bien lo que había visto. Salió de su casa y marchó corriendo a juntarse con sus amigas a la orilla del rio. Aunque era cierto que las lumbres bajas estaban encendidas, puesto que era la única manera de guisar sobre unas trébedes, calentarse en aquel tiempo no era posible pues frio no hacía ninguno.
          Al llegar junto a sus amigas, claro está que no fue capaz de guardar el secreto. Se lo contó con todo lujo de detalles y en muy poco espacio de tiempo todo el pueblo sabía de las andanzas de doña Remedios con don Roberto. Nadie la dijo nada, simplemente cuando hablaban con ella se miraban unas a otras y había sonrisas. Ella tampoco hizo ningún comentario.
          Un día hablando con las vecinas una de ellas le dijo, Doña Remedios parece que está usted más gordita, entonces ella echándose a llorar, les contó una milonga que naturalmente ninguna se creyó. Había ido a visitarla un tío suyo al que hacía mucho que no veía. En sus tiempos jóvenes, habían estado enamorados y sin saber cómo, habían tenido un momento de recuerdos y un desliz de cama, ella nunca había tenido relaciones por lo que nunca pensó que de una sola vez podría haber quedado embarazada.
          Cuando dio a luz, Don Roberto muy solicito se comprometió a ayudarla en todo lo que pudiese, claro está que en ningún momento se pronunció como padre de la criatura. Es por eso que, en el pueblo al niño, siempre se le conoció como el sobrino del cura.

                              PILAR MORENO   27 diciembre 2017