martes, 24 de mayo de 2016
LA SEGURIDAD DEL CAMINO
Aquel camino, aunque apartado, para mí era muy seguro, conducía directamente a la estación del ferrocarril; en ella yo debía tomar un tren que me condujese a mi destino, una localidad palentina en donde habría de pasar unos días en compañía de unos familiares.
Era bastante largo y en un principio, no estaba en exceso transitado, pero casi todo el que lo hacía sabía perfectamente a donde llevaba. Sobre todo, para quien iba andando como era mi caso, evitaba dar un rodeo de más de dos kilómetros. Apresurada caminaba pues llevaba el tiempo justo de llegar a tomar aquel tren, pues si lo perdía tendría que esperar hasta el siguiente que ya no pasaría hasta bien avanzada la tarde.
No llevaba mucho trayecto andado, cuando de pronto una voz masculina a mis espaldas, sonó con fuerza. Señorita, no camine tan deprisa, puede tropezar y caerse debido al mal estado del piso. Me volví para ver quién era, su voz era totalmente desconocida para mí. En efecto, aquel sujeto no lo había visto en mi vida. No se preocupe, contesté sin dejar de caminar, conozco bien el terreno y llevo prisa.
Bien, contesto el desconocido, al menos déjeme que le ayude con la maleta, tiene pinta de pesar bastante y así usted andará más ligera.
Sin más dilación, se puso a mi altura y tomó mi maleta en su mano sin que yo pudiese retenerlo. Un suave roce en mi mano con la suya, me hizo ver que era una mano fina, no desgastada ni tosca por un trabajo duro. Se le veía educado y con ganas de hablar:
¿Hacia dónde se dirige?
Voy a la provincia de Palencia
Qué casualidad, yo también voy a esa ciudad.
Yo la pasaré de largo, me dirijo a Cervera de Pisuerga, es donde me esperan mis familiares.
Bueno pues al menos hasta la Ciudad, haremos el camino juntos si no le molesta.
¿Cómo iba a molestarme, el tren es de todos?
Mujer, lo digo pues así nos haremos compañía y podremos charlar mientras dure el trayecto.
Está bien si así lo desea, por mi parte no hay ningún problema.
Llegamos a la estación, sacamos el billete en la taquilla y nos dirigimos al andén en donde el convoy ya estaba formado. Subimos a nuestro vagón y nos acomodamos en los correspondientes asientos.
Señorita: hemos hecho ya un recorrido charlando y todavía no nos hemos presentado, creo que ya es hora de que lo hagamos. Yo me llamo Daniel y usted.
Yo soy Paula, encantada de conocerlo.
Aquí comenzó nuestra andadura ferroviaria, con una conversación fluida y sencilla, me contó que era veterinario y se dirigía a una feria de ganado que había en esa provincia, debía examinar unos animales que un cliente había adquirido y claro quería que estuviesen en las mejores condiciones. Estaría allí no más de tres días.
Yo le conté que era una humilde secretaria y que iba a visitar a mi familia, aprovechando unos cuantos días que había tomado de vacaciones. Intercambiamos impresiones y la verdad es que el viaje resultaba muy ameno.
Cuando el tren comenzó a internarse en la gran estepa castellana, comenzamos a ver a través de las ventanillas, los grandes campos llenos de espigas con ese amarillo inconfundible y entre ellas, salpicadas rojas amapolas, lo que convertían aquel paraje en un sitio idílico, unas vistas de kilómetros y kilómetros alfombrados por aquellos colores primaverales, nunca olvidaría aquel paisaje.
Mientras mirábamos el maravilloso panorama, de vez en cuando se cruzaron nuestras miradas, sonreíamos sin decir nada. Esto sucedió varias veces, por eso me pude fijar en la serenidad de aquellos ojos acastañados, esa limpia y cálida sonrisa. Era una persona encantadora o al menos así me lo pareció a mí. Ya el tren se iba acercando a Palencia y entonces fue cuando me dijo:
Paula: te importaría darme tu teléfono, yo te doy el mío y podemos estar en contacto estos días y si me es posible por sobra de tiempo, me acercaría hasta donde tú te encuentres y podríamos dar un paseo juntos.
Dije sí, casi sin pensarlo, estaba impactada por la amabilidad y caballerosidad de aquel muchacho. Casi estaba deseando de que me lo pidiese.
Llegada su estación, me pidió permiso para darme un beso de amigos antes de apearse con la promesa de llamarme y si no era posible en esos días, quedaríamos sin falta a mi regreso.
El resto del viaje, lo hice como flotando en una nube, se me había hecho cortísimo cuando en otras ocasiones me había aburrido como una ostra y deseaba con todas mis fuerzas que pasasen los tres días para recibir aquella llamada pues estaba completamente segura de que se produciría.
Creo que ahí fue donde me di cuenta de que había encontrado al amor de mi vida.
PILAR MORENO 22 mayo 2016
martes, 17 de mayo de 2016
EL SARGENTO DEL OJO REMIRADO Y LA PUERTA FUERA DE LUGAR
Aquel cuartel era un auténtico desastre, nada permanecía en su sitio. Al ser muy viejo, le iban haciendo reparaciones, que más bien eran parches que le ponían. Las baldosas del suelo se levantaban cada dos por tres, los techos se agrietaban y había que meter incluso alguna viga para que no se desplomasen sobre los acuartelados. Las letrinas, excuso decir como estaban y de que época eran.
Un día el sargento Buenavista, fue con urgencia a evacuar a una de las letrinas, sin darse cuenta, puso los pies donde debía ponerlos, pero sin apercibirse de que antes había habido alguien que la había usado antes que él. Tomó posición y cuando la hubo hallado, en plena faena, se deslizó suavemente, aterrizando sus posaderas sobre sus excrementos y los que anteriormente había depositado algún desconocido. Henchido de ira, se limpió lo mejor que pudo usando el cubo de agua que había justo al lado para derramarla sobre el agujero a través del cual debían desaparecer los desechos humanos. Todo mojado y con un olor fétido a más no poder, pues también se le había manchado la guerrera y esa era imposible de limpiar en esas circunstancias, salió como un huracán, gritando y maldiciendo a quien le había precedido en tan necesaria acción.
Al salir con tantas prisas, tropezó con una puerta que al pobre le habían colocado al paso en mitad del pasillo, de pronto pareció volverse loco, la dio patadas, puñetazos, y diciendo toda clase de improperios en contra de la misma. De todas formas, habría de encontrar al culpable de haber dejado abierta aquella puerta que siempre estaba cerrada, aquello debía de ser una conjura contra él.
Cuando llegó a su despacho, mandó que fuesen todos sus soldados a toda velocidad a reunirse con él con el objeto de averiguar quien había sido el culpable de su desgraciado accidente. Como es natural, nadie dijo quien había sido el que se había aliviado antes de que entrase el “BIZCO” como era conocido entre la tropa. Y es que el pobre hombre tenía un ojo casi dentro de otro. Era un ojo que sentía tanta admiración por su compañero que no podía dejar de mirarle, por eso en cuanto había cualquier circunstancia extraña, el sargento era tan propenso a los accidentes.
Ya que nadie se declaraba culpable de haber usado la letrina antes de que lo hiciese él, al menos debía decirle quien había cerrado la puerta del pasillo, haciendo que tuviese aquel tropiezo tan gordo, con el que casi se abre una brecha en la frente. Fue entonces, cuando le comunicaron, que no es que la hubiesen cerrado, simplemente es que al tener que arreglarla, no había habido forma de ponerla en su posición, por lo que tuvieron que ponerla del revés.
El pobre sargento, no tuvo más remedio que admitir, que su bizquera no le permitía ver ciertas cosas y si tenía la mala suerte de que le cambiasen las cosas de posición, sus ojos se confabulaban y le jugaban estas malas pasadas.
PILAR MORENO 14 mayo 2016
LA CAÍDA DEL EMPERADOR
Aquel viejo emperador era muy dado a pasear por los alrededores de palacio, gustaba de recrearse con el olor de las frescas plantas aromáticas que en los jardines había a montones, recoger con sus propias manos las rosas más bonitas de los inmensos rosales de deliciosas fragancias y formando un gran ramo, a su regreso del paseo, se las ofrecía a su esposa, de la que después de tantos años juntos seguía perdidamente enamorado.
La anciana, las recibía diariamente como si fuese la primera vez que se las ofrecía, agradeciéndoselas con un gran cariño. Siempre seguían la misma ceremonia, el entregaba el ramo con una reverencia, ella acercaba su cabeza a la de su esposo y este la besaba con gran ternura en la frente.
Para el emperador no era óbice el tiempo ni la temperatura que hiciese, para él era un ritual el salir a pasear cada día del año. Ese día llovía a cantaros, eran como una lluvia torrencial, por ello su hijo, su heredero, viendo lo mayor que ya estaba su padre, salió a buscarlo y llevarlo de regreso a palacio, a su delicada salud no le convenía que se mojase y de no ponerlo a cubierto pronto podría tener fatales consecuencias.
Padre¡ gritaba el hijo desesperado al no encontrar a su progenitor, padre, padre…¡ y seguía dando vueltas con el coche sin obtener resultados en su búsqueda. De pronto se le ocurrió que podría haberse refugiado en el templete de la música. Se dirigió hacia el lugar y cuando llegó, de primeras no avistó a nadie, pero cuando lo rodeó, vio al anciano caído en las escaleras de subida al mismo. El pobre hombre, había tropezado, y con la excesiva lluvia resbaló cayendo al suelo, con tan mala fortuna de que los escalones de piedra se le clavaron en la cabeza y formándole una gran brecha por la que sangraba abundantemente.
Como pudo y haciendo un gran esfuerzo, ya que el anciano era corpulento, lo metió en el coche y lo llevó a palacio. Allí los criados le ayudaron a trasladarlo a su habitación y rápidamente llamaron al médico para ver que se podía hacer con el pobre hombre. Cuando el doctor llegó, trató de reanimarlo, pero al no conseguirlo, limpio la herida rápidamente y en una ambulancia fue trasladado de inmediato al hospital.
A su llegada al centro hospitalario, le esperaba un grupo de médicos que rápidamente se pusieron a curarle, taponando la herida, dándole varios puntos de sutura. No era grave lo ocurrido, pero dada la avanzada edad del emperador, habría que esperar al menos 72 horas para ver la reacción de su cuerpo.
Dado el rango de tan ilustre personaje su esposa no podía estar junto a él en el hospital, lo que a la pobre le causaba gran angustia. Su amado esposo, era la primera vez que se separaban. Durante toda su vida de matrimonio habían estado siempre juntos, tanto en palacio como en los viajes oficiales que habían tenido que realizar como emperadores representando a su país.
El anciano pasó la noche tranquilo, pero de madrugada, inesperadamente se le presentó una hemorragia interna que por más que hicieron los doctores no fueron capaces de controlarla y el pobre emperador murió.
Su esposa desconsolada, todos los días a la hora que el fallecido emperador volvía de su paseo y le entregaba el ramo de rosas, ella estaba esperándolo en la sala habitual, como si fuese a llegar en cualquier momento. Al ver que no llegaba, se volvía a sus aposentos, con una inmensa tristeza en la cara y en el corazón y se acostaba sin querer ver a nadie. Poco a poco y día tras día, la emperatriz se fue consumiendo de pena, lo único que deseaba era reunirse con su amado esposo y en muy poco tiempo lo logró.
PILAR MORENO 12 mayo 2016
jueves, 12 de mayo de 2016
CUANDO ME HAYA IDO
Cuando me haya ido, no me busques,
en la soledad del cuarto, no me llores,
no intentes aspirar mi aroma, ni el perfume
que tanto detestabas,
no digas palabras que nunca salieron de tu boca,
no pienses lo que podía haber sido y no fue,
retira todo lo que fue mío, ya no te sirve,
habría sido tan fácil hacerme feliz,
una palabra amable, una sonrisa a tiempo,
un corto paseo cogidos de la mano,
nada más pedía, nunca lo entendiste,
ahora ya es tarde, no te lamentes,
nunca hay que dejar las cosas para mañana,
esas eran tus palabras favoritas,
mañana, mañana…, pero ese mañana ya no llegará,
el tiempo se ha terminado, aquí no hay prorrogas,
el partido de la vida solo se juega una vez,
cuando el árbitro pita, ya todo ha terminado,
cuanto tiempo perdido y por más que te avisaba,
tu no hacías caso, tu razón era suprema,
solo tu criterio valía, mis palabras no se tenían en cuenta,
no podía quitarte tus ideas,
eran esenciales, yo no sabía de nada,
al final demostré al mundo mi valía,
un mundo reducido y pequeño como yo,
que supo admirar mis pequeños logros,
tú en tu interior, sé que también te diste cuenta,
pero reconocerlo fue difícil para ti,
nunca lo escuché,
ahora, en el ocaso de tu vida,
no esperabas encontrarte en soledad,
yo siempre estaría a tu lado,
hasta el final, cuidándote y sobrellevando tu enfermedad,
pero… no ha sido así, el Supremo ha querido llevarme
antes que, a ti, y sin dudarlo,
este es tu peor castigo.
PILAR MORENO
4 mayo 2016
LUZ DE PRIMAVERA
Un radiante sol de primavera
llenaban el día de luz y pureza,
la soleada estancia recibía largos
días de gozo y ternura;
Ahora la soledad,
su más fiel compañera,
el silencio permitía escuchar
el aletear de los pájaros,
rondar las golondrinas bajo el tejado,
anidando bajo el mismo para criar sus polluelos;
Cuantos recuerdos de tiempos pasados
de épocas felices en las que juntos
se arrullaban en las estrelladas noches
dando rienda suelta al amor que les unía;
Ya no hay mañana,
solo un incierto futuro
en el que ya no se escucha el trinar de las aves
la negrura de las noches solitarias
el devenir de los días silenciosos
sin pasión, sin amor, sin su cuerpo,
sin esos brazos que la rodeaban y la amaban,
que la hacían flotar sobre las nubes,
la misma estancia ahora parecía lúgubre
perdió la luz con su marcha
ya no había gozo ni ternura,
la pureza del sol primaveral ya no existía
solo su más fiel compañera
la soledad habitaba entre aquellos muros,
ya nada sería lo mismo
un inmenso abatimiento se apoderó de su ser
solo esperaba el día,
ansiaba con todas sus fuerzas
volar al infinito y reunirse con él.
PILAR MORENO 30 ABRIL 2016
llenaban el día de luz y pureza,
la soleada estancia recibía largos
días de gozo y ternura;
Ahora la soledad,
su más fiel compañera,
el silencio permitía escuchar
el aletear de los pájaros,
rondar las golondrinas bajo el tejado,
anidando bajo el mismo para criar sus polluelos;
Cuantos recuerdos de tiempos pasados
de épocas felices en las que juntos
se arrullaban en las estrelladas noches
dando rienda suelta al amor que les unía;
Ya no hay mañana,
solo un incierto futuro
en el que ya no se escucha el trinar de las aves
la negrura de las noches solitarias
el devenir de los días silenciosos
sin pasión, sin amor, sin su cuerpo,
sin esos brazos que la rodeaban y la amaban,
que la hacían flotar sobre las nubes,
la misma estancia ahora parecía lúgubre
perdió la luz con su marcha
ya no había gozo ni ternura,
la pureza del sol primaveral ya no existía
solo su más fiel compañera
la soledad habitaba entre aquellos muros,
ya nada sería lo mismo
un inmenso abatimiento se apoderó de su ser
solo esperaba el día,
ansiaba con todas sus fuerzas
volar al infinito y reunirse con él.
PILAR MORENO 30 ABRIL 2016
jueves, 28 de abril de 2016
A MI AMIGO JOSÉ ANTONIO
Dieciocho meses ya,
el bicho innombrable comenzó a
roer mis entrañas
una buena intervención y
tratamiento
sus intenciones han frenado
Enterados familiares y amigos
trajes de luto y funerales
preparaban
ya tendría yo arreglados todos
los asuntos
convenientes, se decían,
más ni la intención por la mente
se me había pasado
en mi interior me decía,
qué interés tienen por verme ya
enterrado;
pero aquí sigo, sin poder
remediarlo
hago todo lo prescrito
con empeño y sin desmayo
tomo buenos alimentos
buen humor tengo y
me doy algún gustazo.
“Solo una cosa siento”
que a todos los que me veían
ya sepultado
con mi fuerza y mi tesón
haberlos defraudado
PILAR MORENO 18 abril 2016
domingo, 24 de abril de 2016
SUCEDIDOS Y ANECDOTASDE UN DIA DE BODA
Llega la mañana del tan ansiado día para una novia y dan comienzo los primeros preparativos para la hora del enlace. Como es natural un buen desayuno, recogida del sofá donde la novia lleva años durmiendo, la ducha, recogida del cuarto de baño y dejar bien limpios los azulejos que se han manchado con la ducha. A continuación, la hora señalada por el novio para pasar a recogerla e ir a piso en donde van a vivir y llevar al mismo, algunas de las últimas pertenencias que quedaban en la casa paterna.
Una vez preparada y esperando, suena en el portal el claxon del coche del novio. La novia baja a toda velocidad y se encuentra con que en el interior del mismo, hay dos personas a las que no conoce de nada. Es presentada por el novio y resulta que son unos primos del mismo que han venido desde Zumárraga a la boda y se alojan en casa de los padres. Emprenden camino hacia el piso para que lo vean y después acercar a la novia a la peluquería. Cuando arriban a la misma, la novia se encuentra con su madre que se está arreglando para el evento. Como la novia solo quería rehacerse el moño ya que el día anterior había estado en otra boda y no iba a hacerse más que un pequeño arreglo, la peluquera solicita, pregunta a la madre si puede peinar primero a la novia ya que la están esperando. La madre amablemente responde a la peluquera que ella estaba antes y que la novia si tiene prisa que se aguante. (Madre e hija llevaban quince días sin hablarse por un quítame esas pajas y una paliza que le había proporcionado en la cual se había quedado con un manojo de pelos de la hija en la mano). La novia aguanta el tirón y espera, ve como su señora madre sale de la peluquería toda estirada y con cara de vinagre como era su costumbre. Cuando por fin ha sido peinada, sale en busca de su futuro y los parientes a los que no se había quitado de encima. Dan una vuelta toman un aperitivo y es conducida a la casa de los padres para comer y prepararse. Ánimo que ya queda menos, le dice el novio cuando se despiden en el portal.
La boda es a las seis y el último día de julio con lo cual hace un calor insoportable. Llega el ramo de novia y con tanto calor el muchacho que lo lleva recomienda meterlo en el frigorífico hasta el momento de salir de casa para que las flores no se marchiten. La novia se viste sola y solo a la hora de colocarse el tocado la madre se acerca para ayudarle sin cruzar una palabra. El padre todo nervioso daba vueltas por toda la casa sin saber qué hacer, pues si hablaba a la madre, parecía que lo iba a morder y si se le ocurría decir algo a la hija, el mordisco era seguro. Gracias a Dios, el coche llegó puntual a buscarla y cuando la portera toco a la puerta diciendo que ya la estaba esperando, salía tan despendolada que si no es por el padre el ramo se queda al fresco.
Al llegar a la iglesia, una sorpresa y de las grandes. Los frailes que la gobernaban le habían prometido que para ese día las obras habrían terminado y estaría todo en orden para la boda, pues bien, no fue así. No había bancos, estaban fregando el suelo todo sucio el cual la novia iba limpiando con su radiante vestido. Tuvieron que subir al camarín de San Antonio a que allí les echasen las bendiciones. Ya no hay marcha atrás, que se le va a hacer, tan devota que eres de San Antonio, pues bien cerca de él te vas a casar. Un sitio bastante pequeño, la gente amontonada, un calor agobiante y del que todo el mundo estaba deseando salir. Cuando llega la hora de poner los anillos, con el calor y los dedos un poco dilatados, el novio le dice a la novia, póntelo tu sola que a mí no me entra. Buen comienzo, sí señor. Una vez terminada la ceremonia bastante breve por cierto, la novia está tan agobiada que lo único que quiere es salir de allí cuanto antes, con lo cual, el sacerdote tiene que salir detrás de ella para pedirle que firme el acta matrimonial. Ya podía haberla dejado irse sin firmar.
La llegada al restaurante, apoteósica, se veía la unidad por todos los sitios, la familia de la novia, había tomado posesiones, dirigidos por la madre y a la familia del novio y amigos, los habían dejado justo donde prácticamente no veían nada, pues era un salón con bastantes columnas y recovecos. Bien pasa la cena en un ambiente bastante cargado de hostilidad y cuando llega la hora de partir la tarta, la novia sin saber porque, (se sabía que estaba a punto de explotar) se puso a echar sangre por la nariz que parecía que habían matado a un cochino, vestido, mantel y todo lo que pilló. Una vez terminada la cena, como era costumbre, se acercaban a la mesa presidencial para que firmasen los novios las comendas de la cena, los parabienes, las enhorabuenas y rápidamente el novio decide que hay que escaparse. Si escaparse, sin despedidas ni nada. El hermano del novio va a buscar su coche, y como si hubiesen robado algo, salen del restaurante los novios, la madrina y la niña de las arras, sobrina del novio. Se meten en el Simca 1000 y parten a toda prisa hacia su nuevo hogar.
Cuando llegan al portal, una casa recién estrenada, debían de ser los terceros o los cuartos que iban a vivir en ella, el novio se baja del coche y ayuda a la novia a salir del mismo. Una vez en el suelo, comienza a tirar de ella y a decir, “corre date prisa, que nadie nos vea” con las prisas y un pequeño árbol que acababan de plantar el velo de la novia hecho girones y los trozos colgados de árbol, los cuales pudieron ver al día siguiente cuando bajaron. Séptimo piso, dos ascensores y ninguno en el piso bajo, que horror, pobre hombre que mal lo pasó hasta llegar ante su puerta. Una vez allí, metió la llave y sin más, empujón y para adentro. Pub que alivio, mira que si nos ve alguien. La novia, lo miraba incrédula, ¿cómo podía estar sucediendo aquello?, no sabía la pobre que después vendría más.
Se cambiaron rápidamente y se fueron a casa del hermano del novio que vivía en la acera de enfrente, allí descorcharon una botella de champán brindaron y charlaron hasta bien entrada la madrugada comentando el evento y todos los sucedidos. Se retiraron a descansar y... la novia que no había tenido consejo alguno, había puesto en el tálamo un plástico y una toalla doble, pues según le había comentado una amiga, esa noche era la noche del desangre. Pues bien se pusieron con timidez los respectivos atuendos de dormir y después de unos cuantos achuchones y caricias, el novio preguntó cariño ¿qué te parece si lo dejamos para mañana?, es tan tarde. Bien mi amor, ¡como tú quieras! Se durmió a pierna suelta y hasta el otro día. A la mañana siguiente habían quedado con el inseparable amigo del novio para ir al cementerio a llevar el ramo de novia a la abuela de la misma. Pasaron todo el día fuera de casa y ya a última hora de la tarde, fueron conducidos por el bueno del amigo a su casa. Otra sorpresa más, el novio dice en el portal ¿por qué no te quedas a cenar con nosotros? mi mujer sabe hacer la tortilla de patata como nadie. El amigo accedió y cenaron tres. Como a la mañana siguiente salían temprano de viaje, la ya esposa recogió ávidamente la mesa y la cocina y se dispuso a preparar las maletas para las vacaciones. Las hizo y las rehízo pues el plasta aquel, no se iba ni con agua caliente. Cuando por fin decidió marcharse era bastante tarde y había que madrugar. ¿Y qué pasó? otro día sin catarlo.
Al tercer día, ya en Palma de Mallorca, cuando llegó la hora de acostarse, la esposa muy previsora y por si las moscas, puso las toallas de la ducha sobre el lecho conyugal. Por fin, que trabajo, que sudada, y al final las toallas impolutas. Vaya mentirosa que era la amiga.
Al segundo día de estar en la playa, el esposo no dio aviso a la esposa de que el sol le caía mal, todo el día playa arriba, playa abajo, largos en la piscina, grandes exhibiciones de natación ya que ella sabía lo normalito para no ahogarse en donde hacía pie. Llegada la tarde, el esposo dijo encontrarse mal y no quería bajar al comedor a cenar, nos quedamos en la habitación, ¿te parece? Bueno dijo ella con la boca pequeña pues no era de estar encerrada en la habitación del hotel a los cinco días de haberse casado. Él se acostó y de aquella cama salía humo, su cabeza era como una gran sandía de roja, sudaba y sudaba sin parar. Pasaban las horas y ella sin saber qué hacer, pasaba el tiempo en la terraza que al menos se veía la piscina y la playa desde ella. De pronto y ya que el no abría la boca, a ella se le encendió la bombilla y llamó a recepción, pidió que le subiesen la cena y si había un médico que lo avisasen. De inmediato le sirvieron la cena en la terraza y sin más se puso a cenar. Ella pensaba, si le pasa algo al menos ya he cenado, pero ¡qué mala suerte!, solo cinco días de casada lo he probado dos veces tan solo ¿y si me quedo viuda? De pronto llegó el doctor y dijo que tan solo era una insolación. No había mayor peligro.
Así es como una mujer de bien se empieza a forjar su felicidad a solas.
PILAR MORENO
Suscribirse a:
Entradas (Atom)